En el Cajón del Maipo, la abeja melífera (Apis mellifera) no es parte del ecosistema original: es una especie introducida desde Europa que llegó al continente americano con la colonización y que hoy es parte inseparable de la actividad apícola de la zona central de Chile. En la comuna de San José de Maipo, productores locales y apicultores externos mantienen colmenas que aprovechan principalmente el potencial melífero del quillay, una de las especies arbóreas con mayor valor apícola del bosque esclerófilo. El Informe del Distrito de Conservación documenta que durante 2016 se llegaron a instalar 34 colmenas en la Hacienda Río Colorado, y que la llegada de apicultores desde otras zonas del país se identificó en los talleres participativos como una presión sobre los recursos naturales de la comuna, comparable en su lógica al problema del sobrepastoreo.
Apis mellifera es una abeja colonial, generalista y extraordinariamente eficiente. Una colonia puede alcanzar entre 20.000 y 80.000 individuos, todos buscando néctar y polen en un radio de varios kilómetros. Esa capacidad de trabajo sostenida la hace valiosa para la apicultura y para la polinización de cultivos agrícolas, pero también la convierte en una competidora de alto impacto para las abejas nativas solitarias y los abejorros del bosque esclerófilo.
Competencia con polinizadores nativos
La zona central de Chile es reconocida mundialmente como un hotspot de biodiversidad, con una flora y fauna de polinizadores que han evolucionado juntas durante millones de años en condiciones de relativo aislamiento geográfico. Ese ajuste mutuo entre plantas y polinizadores nativos es precisamente lo que hace al ecosistema vulnerable a la introducción de especies generalistas muy abundantes.
Un estudio publicado en la revista NeoBiota documentó para Chile lo que los investigadores denominaron una “toma silenciosa”: la introducción de Apis mellifera, junto a Bombus terrestris y Bombus ruderatus, está reconfigurando de forma gradual las redes de interacción entre plantas y abejas, desplazando sistemas especializados hacia redes más generalistas y homogéneas. En ese proceso, especies nativas como el abejorro chileno (Bombus dahlbomii), el polinizador nativo más grande de Chile y uno de los más importantes del bosque esclerófilo, no desaparece de inmediato pero pierde protagonismo progresivamente.
La competencia opera en dos niveles. Por recursos: Apis mellifera compite directamente por el néctar y el polen de las mismas flores que visitan las abejas nativas, con la ventaja del número. Por patógenos: la abeja melífera actúa como reservorio de virus y parásitos que puede transmitir a otras especies de abejas. En Europa, América del Norte y Japón, aproximadamente la mitad de los virus que afectan a Apis mellifera han sido detectados en abejorros y abejas silvestres de distintos géneros. La Guía de Polinizadores Nativos del proyecto GEF Montaña documenta que Bombus dahlbomii ha visto reducidas sus poblaciones en Chile precisamente por los patógenos transmitidos por Bombus terrestris, el abejorro europeo introducido en 1997, un proceso análogo al que puede generar Apis mellifera sobre otras especies nativas.
Aunque la abeja melífera puede beneficiar la polinización de plantas silvestres, al ser los impactos sobre abejas nativas casi puramente negativos, es necesario ser cautelosos con la introducción de colmenas en áreas naturales, particularmente hasta no determinar las consecuencias de la transmisión de parásitos y patógenos.
Una ecuación que no es simple
La abeja melífera también poliniza flora nativa del bosque esclerófilo. Visita quillayes, litres, boldos y otras especies del matorral, y en ese sentido presta un servicio real cuando los polinizadores nativos escasean por fragmentación de hábitat, uso de plaguicidas o sequía. La Universidad de Chile ha desarrollado un Manual Apícola de especies melíferas del bosque y matorral nativo esclerófilo que conecta la práctica apícola con la conservación del patrimonio vegetal de la zona central, reconociendo esa función como legítima y documentable.
El problema no es la abeja melífera en sí: es la densidad de colmenas por unidad de territorio. El Informe del Distrito de Conservación de San José de Maipo recomienda explícitamente mantener un número racional de colmenas para no debilitar ni sobreexigir al quillay, y señala la llegada de apicultores externos como una amenaza que requiere regulación, igual que el ganado trashumante. Sin un límite de capacidad de carga para la actividad apícola, el servicio que presta la abeja melífera puede volverse una presión más sobre un ecosistema que ya acumula varias.