En la cuenca del río Colorado, en la parte alta del Cajón del Maipo, los arrieros conocen al puma desde hace generaciones. El estudio etnobotánico del sector Las Tórtolas lo nombra junto al cóndor como parte del paisaje indómito que rodea la vida ganadera en la alta cordillera. Siempre estuvo ahí, aunque durante décadas se lo persiguió activamente. Los “leoneros” salían con perros, lazos y escopetas cuando sabían que andaba cerca, y regresaban con la piel en la mano.
El puma (Puma concolor) es el felino más grande de Chile y el carnívoro terrestre de mayor distribución en el continente americano, desde Canadá hasta el Estrecho de Magallanes. En la zona central del país, los machos pesan entre 53 y 72 kilogramos y las hembras entre 34 y 48, con ámbitos de hogar que van de 40 a 90 km². Eso significa que un solo individuo necesita un territorio enorme para subsistir, buena parte del cual queda fuera de áreas protegidas. Es un animal solitario, de hábitos crepusculares y nocturnos, que en la zona central de Chile ocupa desde la cordillera de los Andes hasta la cordillera de la Costa.
Pérdida de presa natural y conflicto con la ganadería
El puma es un depredador tope: regula directa o indirectamente a todas las especies con las que cohabita. En la zona central, su presa original fue el guanaco, un camélido que históricamente abundó en las laderas andinas del Cajón del Maipo. Durante el siglo XX, la caza intensiva redujo las poblaciones de guanaco al punto de extinguirlas localmente en muchos sectores. Para la Región Metropolitana se estima hoy una población natural de entre 150 y 300 individuos, compartidos con Argentina, que se desplazan según la estación.
Sin guanaco, el puma comenzó a depredar el ganado que los arrieros dejaban en la veranada. La secuencia es conocida: el ganado reemplaza a la presa natural, el puma ataca al ganado, el ganadero mata al puma. Los estudios de dieta en la zona central muestran que el ganado más afectado son las cabras, seguidas de vacunos y caballos, aunque la liebre europea ha ido ocupando un lugar creciente en su alimentación. Lo que los datos también muestran es que cuando hay disponibilidad de presas silvestres, la predación sobre ganado disminuye.
El reemplazo de cabras por vacas en muchos predios cordilleranos ha cambiado algo el escenario: el vacuno es una presa menos apetecible para el puma. Pero también hay menos arrieros que antes, lo que se traduce en menos “leoneros” cazando, y por tanto más pumas moviéndose por las montañas, incluyendo sectores cada vez más cercanos a los pueblos.
Estado de conservación y presiones actuales
El puma está catalogado como Casi Amenazado (NT) a nivel global. Su distribución fuera de áreas protegidas lo expone de manera permanente al conflicto con actividades económicas humanas. La Ley de Caza N° 19.473 prohíbe su caza, captura y manipulación no autorizadas, pero la persecución sigue ocurriendo, en parte porque la desinformación sobre el comportamiento real de la especie genera temor desproporcionado.
«Estudios de dieta en la zona central mostraron que la principal presa del puma fue la liebre, mientras que el ganado tuvo una baja representatividad.»
Los ataques de pumas a personas son extremadamente escasos y aislados. El animal tiende a evitar el contacto humano y, cuando se lo encuentra, generalmente huye si se le deja una vía de escape. El tríptico de coexistencia elaborado por el proyecto GEF Montaña para el Cajón del Maipo detalla las recomendaciones básicas ante un avistamiento y subraya que el puma cumple un rol ecosistémico que beneficia directamente a las comunidades rurales: regula poblaciones de liebres, conejos y otras especies, y la carroña que deja alimenta a mamíferos, aves e insectos.
Conservación en el Cajón del Maipo
En el Santuario de la Naturaleza Cascada de las Ánimas, el puma está identificado como objeto de conservación prioritario junto al cóndor y los felinos andinos. El Refugio Animal Cascada, en San Alfonso, es uno de los centros de atención de fauna silvestre de la Región Metropolitana que recibe animales en situación de conflicto o heridos.
La propuesta de proteger 142.000 hectáreas de las subcuencas de los ríos Colorado y Olivares bajo figura de parque nacional, que contemplaba la campaña ciudadana Queremos Tupungato, era relevante precisamente porque esa área concentra poblaciones de puma, gato andino, vizcacha y otras especies que necesitan territorios amplios y conectados. Solo el 1,56% de la Región Metropolitana está hoy bajo protección estatal, lo que sitúa al Cajón del Maipo como uno de los territorios más críticos para la conservación de carnívoros de gran tamaño en Chile central.
La reintroducción del guanaco, en marcha en el Santuario Cascada de las Ánimas con apoyo del Instituto de Ecología y Biodiversidad, apunta directamente a restablecer la cadena trófica que el puma necesita para reducir su dependencia del ganado. Es una de las pocas intervenciones que ataca el problema desde la raíz.