En las laderas asoleadas del Cajón del Maipo, entre quebradas con poca humedad y suelos delgados, el quillay (Quillaja saponaria Molina) se mantiene en pie donde otros árboles no podrían. Es la especie que más define el bosque esclerófilo precordillerano de la zona central: crece en las lomas, en los planos de la invernada y en los flancos de cerro desde el valle hasta donde el paisaje empieza a cambiar de carácter, acompañado casi siempre de litres, péumos, boldos o maitenes. Difícil no reconocerlo por su tronco gris oscuro, sus hojas dentadas y brillantes, y sus flores blancas que aparecen entre octubre y enero.
Un árbol resistente
El quillay es siempreverde y nativo de la zona mediterránea de Chile. Se distribuye entre la Región de Coquimbo y la del Biobío, ocupando el litoral, el valle central y la precordillera. En el Cajón del Maipo se encuentra en placetas, lomas y quebradas de la invernada, según los registros del estudio etnobotánico realizado en la comuna. Su altura puede alcanzar los 15 a 20 metros, con un tronco gris oscuro, ramas gruesas que se ensanchan en la copa y hojas simples de borde dentado, brillantes, de un verde claro que no se confunde con el de sus vecinos.
Lo que hace al quillay distinto de muchas especies del bosque esclerófilo es su capacidad para tolerar condiciones que otros árboles simplemente no soportan. Crece en suelos pobres, resiste fluctuaciones térmicas que pueden llegar a doce grados bajo cero y sobrevive a sequías prolongadas. Su crecimiento es relativamente rápido, lo que le permite generar sombra antes que otras especies, produciendo lo que los ecólogos llaman “efecto de nodriza”: bajo su copa, árboles más lentos como el peumo o el boldo encuentran condiciones para desarrollarse.
Cuando un quillay se seca, no necesariamente ha muerto. Puede rebrotar desde su propio tocón, generando nuevos tallos sobre la madera vieja. Esa capacidad de regeneración le ha dado ventaja en un territorio donde la disponibilidad de agua se ha reducido de forma dramática.
El quillay y la vida del Cajón
Hablar de quillay en el Cajón del Maipo es hablar de relaciones. Crece junto a peumos, litres, boldos y maitenes, las especies con las que comparte el bosque esclerófilo. También es parte de una red menos visible: la Guía de Insectos Polinizadores Nativos del proyecto GEF Montaña registra que abejas nativas como Corynura chloris lo visitan para alimentarse de sus flores blancas, que aparecen entre octubre y enero. Para la apicultura local, el quillay tiene un potencial enorme. Las buenas prácticas del Distrito de Conservación de San José de Maipo recomiendan mantener un número racional de colmenas para no sobreexigir a los árboles, lo que da una idea de cuánto depende la producción de miel de esta especie.
«El quillay sirve tanto para las personas como para el ganado; tanto para lavarse el pelo como para lavar la loza. El quillay es un árbol muy noble.»
El nombre lo dice casi todo. Quillay viene del mapudungun küllay, que alude a su uso como jabón. La corteza interna del árbol es rica en saponinas, un compuesto químico que produce espuma y que se ha utilizado desde tiempos ancestrales para el aseo personal y doméstico. En la comuna de San José de Maipo, los habitantes rurales entrevistados para el estudio etnobotánico describen usos que van más allá del lavado: masticar las hojas para aliviar el dolor de garganta, preparar una mezcla de corteza con ajo y azufre para curar la tos de los caballos, e incluso usar las flores como parte de remedios caseros.
De jabón ancestral a adyuvante de vacunas
La saponina del quillay no se quedó en el ámbito doméstico. Es el producto forestal no maderable más exportado de Chile. Se usa en alimentos, cosméticos, champús, como carbonatador de bebidas gaseosas y como adyuvante en la formulación de vacunas. Durante la pandemia de Covid-19, el quillay apareció en las noticias como un potencial aliado en el desarrollo de inmunizaciones, dado que sus saponinas contribuirían a la liberación de anticuerpos.
Esa misma demanda ha sido también su condena parcial. La extracción irresponsable de saponina ha provocado que se corten árboles completos para extraer toda la biomasa, lo que ha generado una disminución importante de la especie en algunas zonas. La extracción hoy está regulada por ley, pero el daño acumulado es difícil de revertir.
Un estado de conservación discutible
La UICN clasifica al quillay como de “preocupación menor” en la mayor parte de su rango, aunque en la Región de Coquimbo su categoría sube a “vulnerable”. Esa clasificación global puede dar una impresión equivocada de lo que ocurre a escala local. En un territorio como San José de Maipo, donde el bosque esclerófilo representa la formación vegetal dominante y el 72% de las especies registradas en el estudio florístico comunal son nativas, la pérdida de quillayes no es un dato menor. Cada árbol que se seca es un eslabón menos en la cadena que sostiene polinizadores, suelo, sombra y agua.