El cóndor andino (Vultur gryphus) es el ave voladora más grande del mundo y una presencia habitual en la alta cordillera del Cajón del Maipo. Con una envergadura alar de hasta tres metros, planea sobre los farellones rocosos aprovechando las corrientes térmicas que se forman cuando el sol calienta las laderas andinas. Los arrieros del sector del río Colorado lo conocen desde siempre: en el estudio etnobotánico de la cuenca alta aparece nombrado junto al puma como parte del paisaje que acompaña la vida en la montaña desde hace más de un siglo.
Es un carroñero especializado. No caza: depende de animales muertos que localiza durante desplazamientos que pueden cubrir cientos de kilómetros en un solo día. Cuando encuentra carroña, vuela en círculos, y eso atrae a otros individuos. En la alta cordillera del Cajón del Maipo, donde la ganadería trashumante ha marcado el territorio por generaciones, los cóndores han cumplido históricamente esa función de limpieza del ecosistema, apareciendo cuando algún animal moría en los cerros.
Presiones antrópicas sobre la especie
El problema empieza cuando el alimento natural escasea. En invierno, el ganado baja de la cordillera y las fuentes de carroña disminuyen. Eso ha llevado a varios ejemplares de la zona central a alimentarse en el relleno sanitario de Loma Los Colorados, en la comuna de Tiltil, donde llegan ocasionalmente cerca de 200 cóndores. Ahí no solo encuentran alimento de baja calidad: ingieren bolsas y tóxicos que provocan intoxicaciones graves. Muchos de los casos que llegan al Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces del Zoológico Nacional tienen ese origen.
El relleno no es la única vía de intoxicación. En zonas cordilleranas, los campesinos usan cebos envenenados para controlar perros asilvestrados que atacan el ganado. Esos venenos no discriminan y terminan afectando a zorros, aves de rapiña y cóndores. Eduardo Pavez, co-director del Programa Binacional de Conservación del Cóndor Andino Chile-Argentina, ha documentado casos que describió como “bien dramáticos”. A eso se suman los choques con líneas eléctricas y la persecución directa. Muchos de los ejemplares que llegan a rehabilitación tienen perdigones en el cuerpo aunque esa no haya sido la causa de su arribo. Existe una ley que protege a todas las aves rapaces de Chile desde 1993, pero su aplicación sigue siendo insuficiente.
Tasa reproductiva y vulnerabilidad
Lo que hace al cóndor especialmente vulnerable es su tasa reproductiva. La pareja pone un solo huevo cada dos años, y el pichón permanece dependiente de sus padres durante más de un año después de empezar a volar. Una población diezmada tarda décadas en recuperarse aunque desaparezcan todas las presiones.
La historia del Programa Binacional ilustra esa lentitud con precisión. Todo comenzó cuando el ex Presidente Salvador Allende le regaló una pareja de cóndores a Fidel Castro. Para el año 2000, esa pareja había puesto un huevo en el zoológico de La Habana, cuyo pichón fue criado con títeres en Buenos Aires para que no se impregnara con humanos y luego liberado en Chile junto a otros ejemplares rehabilitados. Ese proceso de décadas para sumar algunos individuos a la población da una idea exacta de lo que significa perder un adulto.
«Son muchos los chilenos que ni siquiera han podido ver a un cóndor en su estado natural, y muchos que sí lo han visto pero a cientos de metros de altura donde la diferencia entre esta majestuosa ave y un punto negro que se mueve a la distancia, en realidad no es mucha.»
Presencia y conservación en el Cajón del Maipo
En el Santuario de la Naturaleza Cascada de las Ánimas, el cóndor está identificado como objeto de conservación prioritario junto con los felinos andinos. Entre El Alfalfal y Los Maitenes existe una zona de anidación confirmada, con farellones rocosos que ofrecen las condiciones que la especie necesita para reproducirse, y que el Mapa de Educación para la Biodiversidad de la Región Metropolitana documenta como sitio de alto valor patrimonial natural.